jueves, 12 de marzo de 2015

Te encontré en la calle. Me encanta la calle.

Como todas las historias de amor, debo contar las cosas como no son, como las emociones me indicaron debía pensarlas.
Érase una vez una muchacha a quién no nombraré -yo-, atrapada sin tener por qué en una relación tormentosa consigo misma, hasta que de pronto un día de Octubre, revisando una red social muy connotada, tuvo un flechazo instantáneo con la mujer aquella, treinteañera, de pelo negro, liso y largo, de profesión diseñadora y comiquera, de pasatiempo: Nerd.
Me preguntó -luego de mucho psicopateo obvio- si la seguía por el cómic y claro, había llegado hasta su página personal por el cómic, pero nunca he sido muy fan de ese tipo de arte, de hecho me declaro completamente ignorante si en temas de arte visual se entiende, pero por supuesto que mi respuesta fue falsa, no me importaba mucho el cómic en sí, aunque igual quería el libro, me llamaba la atención que fuese de temática lésbica, lejos de las convenciones sociales que encasillan al tema en: Feminismo, Academia o Erotismo para hombres heterosexuales. Luego de una serie de preguntas y respuestas tímidas, sin sentido, un tanto jocosas (recuerdo claramente que le dije que era como el señor lápiz), quedamos en concretar un encuentro y yo, muy ensimismada en mi relación tormentosa, no dejaba de cuestionarme si debía o no ir predispuesta a tener una cita, con aquella mujer, a mi parecer, la más linda y simpática de todas las redes sociales en las que había compartido momentos y conversaciones con alguna mujer, pero también porque no sabía a qué atenerme, quizás sólo quería beber y follar, pero lejos de ataduras o intenciones más serias.
Pero te conocí, como si de verdad Dios o el Destino existieran, te conocí mágicamente cuando sentía que las cosas se caían a pedazos, cuando sólo creía que debía seguir tristemente donde no quería pero sentía un deber de no sé qué, pero ahí caminando te ví, fuera del GAM en el ícono de lo jipsta, con tu polerón de gatitos, tu pelo largo y liso, muy largo, muy suave y feminista, porque hasta tu pelo es feminista y sentí mil novescientos ataques cardíacos, en 0,2 segundos pensé que estaba mal vestida, que no me había depilado, que me veía tan gorda, que qué mierda le digo, qué le pregunto y sólo te dije que el kei pop era súper hueon y que deberíamos bailarlo, aunque claro, aún no sabía que tenías tanto ritmo y cuando sentí que eras mía te lo dije ebria, porque al parecer la ebriedad es lo que me hace sentir más confianza y honestidad y te amé, te amé tan rápido que al amanecer sólo pude abrazarte y decirte que te quedaras conmigo esa mañana y aunque no fue así, me quedé contigo para siempre (o al menos el para siempre que es, hasta ahora).

Te Amo María Victoria, me enamoré de ti, como si de un churrasco palta mayo -casero- se tratara, me enamoré de tus manos sin mucha fuerza, de tu alergia a la vida, de tus perras chicas de pensamiento lento, de tus rabietas, hasta de tus golpes al hacerte cosquillas.

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